miércoles, agosto 16, 2017

La relación entre el conocedor y lo conocido

En la línea del posteo anterior, de como atendemos, pasa algo también con como conocemos, o con como aprendemos.

La forma más clásica de aprender es a partir de la observación del mundo. Este mundo está separado del observador, que aparece, en general, lo más neutro posible, buscando esa forma objetiva de ver, analizar y reflexionar.
A esta forma de conocimiento se le llama conocimiento explícito. Es relativo a un mundo exterior al observador.
Esta forma de conocimiento está ligada a la segunda forma de atender (posteo anterior), donde nos situamos en los bordes de nuestra configuración, que es desde donde ya somos capaces de ver incluso aquello que es discordante con lo que ya sabemos. Llamamos a esta, la forma científica de saber y aprender.

El conocedor en esta primera forma de aprender o conocer, es casi invisible, transparente, sin emociones, pues ellas podrían contaminar la mirada objetiva, que es la requerida en esta forma de conocer la realidad.

La siguiente forma de aprender, siguiendo la evolución en las formas de atender, es la que llamaremos el conocimiento tácito incorporado. En este caso, en lo que pongo la atención es en lo que siento, en lo que experimento, en la acción. Y sobre ello reflexiono.
Estudio la batalla de las Termópilas. El conocimiento explícito es saber que pasó ahí, porqué, sus consecuencias, etc. Qué me pasa a mi con este tema, apunta al conocimiento tácito incorporado, que ese conocimiento pudiera estar instalando en  mi.
Este tipo de conocimiento capta la realidad de dentro de la persona, por lo que se basa en la experiencia vivida.
Este tipo de conocimiento implica suspender el modo pasivo del observador y pasar a un modo activo de estar en la acción, atento a lo que sentimos y experimentamos, que es la fuente de este tipo de conocimiento.

El paso del conocimiento explícito al conocimiento tácito incorporado, significa una transformación, una inversión, en el que el conocedor pasa a ser pieza clave del proceso de aprender. Y por eso significa activar al yo de ese observador, de si mismo en la acción, siendo sus sentimientos y sus significaciones, relevantes.
Será muy distinto estudiar algo que me apasiona, por ejemplo.

Existe una tercera forma de relación entre el contenido y el contenedor. Una tercera forma de conocimiento; una tercera forma de conectar con el conocimiento.
En esta forma ya no reflexiono sobre lo sentido o experimentado a posteriori, sino que conecto en la acción misma con la sensación sentida interior.
Se dice que la experiencia estética, cuando ella se produce, conecta con algo más profundo, conectando incluso con la fuente de lo que será en breve la experiencia. Por eso llaman a este tipo de conocimiento, conocimiento que trasciende al yo.
En este tipo de conocimiento se experimenta la acción en estado de presencia presente, o total atención.

Para alcanzar este tercer modo de relación entre el conocedor y lo conocido, se requiere lavar al yo del ego y sus contenidos, de manera que el yo se repliegue dejando un espacio en el centro de conexión con la fuente, con lo que quiere emerger.

Esta forma de ver el proceso de aprender, que me aporta Otto Scharmer en su Gramática del campo social, en su libro Teoría U, me hace pensar que debemos ir más allá del conocimiento científico y por nuestro intermedio, primero conectar desde la pasión con los que sean los temas en que queramos especializarnos, para luego transformarnos en canal de lo que sea que quiere emerger, tanto en lo personal como en lo social, para crear el mundo que quiere emerger y así realizar nuestro máximo potencial.

Qué dices ?

sábado, agosto 05, 2017

Cómo atendemos

Cuando pienso, actúo, converso, desde dónde lo hago ?
Dónde se sitúa mi atención ?

Al parecer, este punto desde donde opero, cambia. A veces estoy parapeteado en el centro de mi persona, de mi organización dirá uno. Adherido a mis tradicionales formas de ver y de pensar, sin aceptar nada que los vaya a amenazar. Como a la defensiva; o a la agresiva.
Cuando estoy parado ahí, todo debiera parecerse a lo que ya se, a aquello en lo que confío, a mis creencias, a como son las cosas.

Desde ahí, es poca mi capacidad de escucha, reducida mi capacidad de ver más allá, e incluso limitada mi capacidad de aprender.

Este punto desde donde opero, este punto desde donde atiendo, puede moverse desde ese centro, a los bordes de mi persona, a los bordes de mi organización, como sacando la cabeza fuera del auto en movimiento, para ver de verdad que hay allá afuera.
En esa posición puedo ver más allá, puedo ver incluso lo discordante, lo que no cuadra, lo que no se aviene con mis creencias, lo que no parece correcto, lo que no cumple con la regla. Y puedo tomar notas de ello y después analizar.

Esta es la posición del científico. El punto de la atención se ha desplazado desde el centro a la periferia. Prospera la racionalidad, los descubrimientos, la ciencia y la tecnología.

Ese punto de atención, puede ir más allá. Salir de la persona y situarse en el otro. Es la mirada empática. Desde esa posición del punto de atención, soy capaz de hacer preguntas indagatorias sinceras y aproximarme a ver el mundo desde la mirada del otro.
Esto requiere una cierta sensibilidad, requiere una apertura a nivel de corazón, no solo de mente, como en el caso anterior.

Cuando soy capaz de hacer este desplazamiento del punto de atención, una y otra vez, ocurre una transformación mayor. Dejo de verme aparte y empiezo a verme como parte del campo social en que me muevo.
Francisco Varela una vez dijo, que este fenómeno de la atención y sus desplazamientos, era un punto ciego de Occidente.

Y hay otro desplazamiento aún más allá, del punto de atención. En este nuevo caso, se produce una expansión del punto de atención y empieza a cubrir un campo mucho mayor. Parte por bajar por el cuerpo a sentir su inteligencia, o sentir la fuente dirán otros, del propio Ser.
Y al mismo tiempo todo el entorno del contexto mayor. Es como una perspectiva holográfica, de campo de la realidad, con centro en la fuente del propio Ser.

Estas, pienso, son palabras mayores. Puede que uno haya tenido estas experiencias y puede que no las haya sabido distinguir.
Pienso también que la meditación, el mindfulness, el yoga, son ejercicios que desarrollan para el lado de esta perspectiva de la atención.

Cuando Otto Scharmer nos mandó a entrevistar a personas del vecindario, muy distintas a mi, para indagar de quienes eran, como era su vida y como veían el mundo, nos estaba guiando en la perspectiva de avanzar hacia la capacidad tercera de la atención antes señalada. Y para mi fue potente.

He aprendido que como conversamos, depende de desde donde operamos en la atención. Y avanzar en calidad de conversaciones, significa avanzar en expandir nuestras capacidades de mover el punto de atención y con ello el potencial del Ser.

Hay personas que dicen que esto de lo que hemos estado hablando, la estructura de la atención,  son los niveles de conciencia, un término que yo también suscribo, pero que no suelo usar mucho, porque las personas tienen grabado ese término de maneras que más pueden interferir que aportar a la apertura.

Qué dices a todo esto; te hace sentido ?

Fuente: Libro Teoría U de Otto Scharmer del MIT.